Recordatorio by ISABEL SIRA

De donde sale el dolor. Mi propia centrifugadora personal que agita desde dentro y sube a la cabeza, mientras las náuseas colapsan mi garganta. Duele y agota y provoca un sufrimiento más allá del físico.

Donde siento el amor. Mariposas que vuelan mil veces en sonrisas que explotan en mi boca, alas que me hacen flotar durante semanas, meses, y mil colores que revientan la vida gris en que queda convertido todo mi pasado hasta que llegó esa persona.

Donde agarra la rabia. Las ganas de pegar y de matar. De acabar con todos y con todo. Que lleva el rojo a mi piel, hincha venas en el cuello, agarrota mi voz en un rugido casi inaudible, potencia la fuerza que nadie piensa que tengo.

Lo que me dice que no. Avisa de en quién no debo confiar, me comprime como si mi cuerpo pudiera desaparecer dentro de mí y así protegerme de quienes no parecen venir con buenas intenciones.

Late el corazón pero palpitan mis entrañas. Debería hacer caso de mis tripas, para que la mente no nublara el instinto animal que me permitiría una supervivencia más halagüeña. Al menos, más sencilla sin los retorcidos laberintos por los que me engaña el pensamiento, para acabar en el estrés, en el desengaño, en la ira contenida que me destroza por dentro…

Si escuchara mis tripas, si las quisiera, quizás ellas, por fin, me querrían a mí y dejarían de convertirme en un despojo a los suelos de este frío baño.

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